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Pequeña
población con viviendas distribuidas de forma diáfana que configuran tres
plazas denominadas con el nombre de la casa principal que está en ellas.
Junto a estos casales característicos del Somontano oscense, son de
destacar dos edificaciones de dimensiones más reducidas, rematadas con
galerías de arquillos aragoneses.
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La iglesia parroquial, bajo la advocación
de San Miguel, es de planta de cruz latina, cubierta con cúpula en el crucero
y bóveda de lunetos en el resto. El coro está a los pies en alto sobre
encamonada. Su portada de acceso es adintelada entre pilastras que
sostienen un frontón partido. Torre al sur de dos cuerpos sin adornos y
chapitel. En su lateral tiene adosado el cementerio con curiosas laudas
sepulcrales de tipo popular.
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En su
término y sobre pedestal de arenisca, ermita de San Esteban de planta
rectangular, construida en sillarejo, mostrando su interior de cuatro
tramos separados por arcos apuntados que arrancan directamente desde el
suelo. El acceso se realiza por arco de medio punto de dovelas lisas.
Rodeando
a este edificio de San Esteban, existe cementerio medieval excavado en la
roca, con sepulcros antropomorfos y orientados hacia levante.

Texto de Bizen y Antón d’o Rio, copiado del folleto editado por el
Ayuntamiento de Loporzano en 1998.

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